Biblioteca Escéptica

¿Son compatibles la ciencia y la religión? ( Paul Kurtz )

Posted by Biblioteca Escéptica en marzo 29, 2008

Una breve biografía del autor

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Necesitamos distinciones entre religión y ciencia, la ética y el Estado. Pero existe un campo apropiado para la religión, y en este sentido la ciencia y la religión no son necesariamente compatibles. Ese campo es evocativo, expresivo y emotivo. La religión presenta poesía moral, inspiración estética y expresiones dramáticas de esperanza existencial.

Han habido muchas discusiones recientemente acerca de la relación entre ciencia y religión. La Fundación Templeton, por ejemplo, ha apoyado numerosas conferencias sobre este tema. Muchos de los participantes en estas discusiones aparentemente asumen que la ciencia y la religión son compatibles. Argumentan que no hay contradicción entre ella, y algunos hasta mantienen que la ciencia confirma los principios básicos de la fe religiosa. La mayoría de los participantes a esta conferencia, que predominantemente son escépticos y no teístas, no están de acuerdo.

Existen muchas áreas donde los religionistas y los científicos hacen afirmaciones radicalmente diferentes. Algunas de ellas son:

(1) ¿Existe el alma o la conciencia, como una entidad separada y distinta; o es una función del cerebro?

(2) ¿Provee la ciencia de evidencias del “diseño inteligente”, o la biología evolutiva sobrevive sin ella?

(3) ¿Es posible influir la curación de las personas mediante oraciones a distancia, o las pruebas realizadas son completamente inconfiables?

(4) ¿Existe alguna evidencia empírica de la afirmación de que las “experiencias cercanas a la muerte” nos permiten llegar al “otro lado”, o existen explicaciones fisiológicas y psicológicas alternativas a estas experiencias?

(5) ¿Pueden los mediadores bajo ciertas condiciones comunicarse con los muertos, o son los protocolos de estas pruebas muy vagos?

(6) ¿La hipótesis del Big Bang en la astronomía apunta a Dios como la causa del universo, o va la última afirmación más allá de la ciencia y es meramente especulativa?
Al tratar con estos tópicos surgen varias preguntas: ¿Son presentadas teorías coherentes e hipótesis probables? Si así es el caso, ¿qué evidencia hay de ellas? ¿Sobreviven al escrutinio las explicaciones paranormales-espirituales-religiosas?

Los escépticos se han enfocado en el exámen de afirmaciones paranormales. No se encargan de afirmaciones religiosas per se, a menos de que puedan ser examinadas empíricamente. Los humanistas seculares, por el otro lado, sí se encargan de afirmaciones religiosas, probándolas lo mejor que pueden. Es muy interesante que en los últimos años las fronteras entre lo paranormal y lo religioso se han borrado y a veces es difícil decir si tratamos con fenómenos paranormales o religiosos. Así, el espiritualismo, las experiencias cercanas a la muerte y la comunicación con los muertos les interesa tanto a los investigadores paranormales como a los religiosos. Asimismo también se da en el caso del diseño inteligente —un clásico argumento filosófico— ahora utilizado dentro de la biología evolutiva y la cosmología.

He propuesto que usemos el término paranatural para referirnos a afirmaciones religiosas que son capaces de alguna resolución empírica y que no son trascendentales o supernaturales. En este caso son similares a las afirmaciones paranormales comprobables.

Un buen ejemplo de esto es la creencia popular de que misteriosos seres extraterrestres inteligentes y benévolos están visitando a los terrícolas y flotando sobre ellos en naves espaciales. Este es un fenómeno cuasi-religioso reminiscente de los ángeles y otros seres divinos o semi-divinos de la antigüedad. ¡La desaparición de los extraterrestres de Roswell no es muy distinto de la tumba vacía del Nuevo Testamento!

Para poder analizar la relación entre ciencia y religión, necesitamos definir y caracterizar cada dominio. Muchos consideran que la religión ofrece un tipo especial de una verdad espiritual más alta. Sostienen que hay dos verdades: (1) las verdades de la ciencia, usando los métodos de la investigación científica y afirmaciones comprobables empírica, racional y experimentalmente; y (2) las verdades de la religión, que trascienden las categorías del hecho empírico y la lógica. Los escépticos dudan mucho de esta última afirmación.

Los métodos más confiables, insisten, son aquéllos que satisfacen los estándares objetivos de verificación y justificación. Las afirmaciones históricas de la revelación en los antiguos textos sagrados no son corroboradas suficientemente por testigos confiables o están basadas en tradiciones orales cuestionables. Están fueron compiladas varias décadas y hasta siglos después de la supuesta muerte de los profetas. Muchas afirmaciones milagrosas encontradas en la Biblia y el Corán —por ejemplo, las afirmaciones de curaciones y exorcismos, dentro del Nuevo Testamento o la versión creacionista en el Viejo Testamento— no son de fiar. Expresan la ciencia primitiva de un antiguo pueblo nómada y agricultor y no pasa las pruebas de la ciencia contemporánea.

Desafortunadamente, algunos proponentes de las religiones históricas han usado frecuentemente sus creencias para bloquear o censurar la investigación científica. La libertad de cuestionar dentro de la ciencia es esencial para la civilización humana; cualquier esfuerzo de limitar la investigación científica es contraproducente. Un buen ejemplo de esto es el actual esfuerzo de algunos por restringir la investigación de células madre embriónicas en bases morales o religiosas. Se dice que si una célula comienza a dividirse, aún si sólo son seis u ocho células, que el “alma” de una persona ya está implantada y que cualquier esfuerzo de experimentar con esto es “inmoral”. La postulación de un alma para prohibir la investigación científica nos hace recordar la supresión de Galileo y las enseñanzas del darwinismo. Así que como la religión obstaculiza la labor de la ciencia se necesita la separación de la religión y la ciencia.

Una segunda área concierne a la relación entre ciencia y moralidad. Hago esta pregunta aquí porque muchas personas creen que la función principal de la religión es moral. Stephen Jay Gould en Skeptical Inquirer relató que la ciencia y la religión no compiten entre sí y no se contradicen. El dominio de la ciencia, trata con la verdad, dice, y la religión con la ética. Creo que está equivocado. También pediría que hubiera una separación de la ética y la religión. Los religionistas no tienen competencia especial en formar juicios morales. Digo esto porque se ha hecho un gran esfuerzo en la historia de la ética —de Aristóteles a Spinoza, Kant, John Stuart Mill y John Dewey— en demostrar que la ética puede ser autónoma y que es posible formar juicios éticos basados en un cuestionamiento racional. Existe una lógica de juicios de práctica, reglas de decisiones efectivas y conocimiento ético que podemos desarrollar independientemente de un marco religioso. La ciencia tiene un papel esencial aquí, pues puede expandir los medios a nuestra disposición (tecnología) y puede modificar juicios de valor a la luz de los hechos del caso y sus consecuencias. Mucha gente hoy cree erróneamente que no se puede ser moral sin tener fundamentos religiosos. Desde el Renacimiento, la secularización de la moralidad ha continuado independientemente a los mandamientos religiosos.

Una tercera área que ha sido debatida candentemente en el mundo moderno es la relación entre la religión y el Estado. Muchos demócratas hoy defienden la separación de la religión y el Estado; dicen que, aunque los religiosos tienen todo el derecho de expresar su punto de vista en público, la religión debería ser tratada como un asunto personal. Las religiones buscan imponer sus principios morales fundamentales en la sociedad entera. Los Estados democráticos deberán ser neutros en cuanto a profesar principios religiosos.

¿Cuál es el campo apropiado de la religión? ¿Le queda algo a la religión? Mi respuesta es afirmativa. Esto podrá sorprender a los escépticos, pero considero que la religión y la ciencia son compatibles, dependiendo de que manera se maneje la religión. La religión ha cumplido una importante función que no puede ser ignorada. Las religiones seguirán con nosotros en el futuro próximo y no desaparecerá fácilmente. No hay duda de que mi tesis es controvertida: el lenguaje religioso, afirmo, no es descriptivo primordialmente; pero tampoco es prescriptivo. Las funciones descriptivas y explicativas del lenguaje están dentro del campo de la ciencia; lo prescriptivo y los normativo son la función de la ética. Ambos campos, ciencia y ética, tienen un tipo de autonomía. Ciertamente dentro del campo político, los religionistas no tienen alguna competencia en especial, así com tampoco en el campo moral. En una democracia a cada ciudadano se le debe dejar que exprese sus opiniones políticas. Así como estimular el desarrollo moral de las personas para ser capaces de formar juicios morales.

En este caso, ¿qué es apropiado para el campo religioso? El campo de la religión, afirmo, es evocativo, expresivo, emotivo. Presenta poesía moral, inspiración estética, rituales ceremoniales, los cuales dramatizan la condición humana y los intereses humanos y buscan saciar la sed de significado y propósito. Las religiones —por lo menos las religiones de revelación— tratan de historias, narrativas, metáforas, mitos; y conforman lo divino en forma humana (antropomórfica). Expresan los deseos existenciales de los individuos que tratan de lidiar con el mundo y encuentran sentido al estar de cara con la muerte. El lenguaje religioso en este sentido es escatológico. Su función primordial es expresar esperanza. Si la ciencia nos da verdad, la moralidad lo bueno y lo correcto, y la política justicia, la religión es el reino de las promesas y de las expectativas. Su función principal es superar la desesperación en respuesta a la tragedia, adversidad y conflicto humano, los hechos frágiles e inexplicables de la condición humana. Bajo esta interpretación las religiones no son necesariamente verdaderas, ni son primordialmente buenas o están en lo correcto, o siquiera justas; son, si les parece, evocativas, tratando de trascender el miedo, la ansiedad y la angustia, proveyendo un bálsamo para el corazón herido —al menos para mucha gente, si no es que para toda.

Añadiría a este hecho que los sistemas religiosos de creencia, pensamiento, emoción y actitud son productos de la imaginación humana creativa. Divagan entre la fantasía y la ficción, tomando las promesas de figuras históricas olvidadas y dotándolas con un significado cósmico eterno.

El papel de la imaginación, fantasía y ficción creativas no debe ser olvidado. Estas son las expresiones más poderosas de los sueños, esperanzas e ideales humanos. ¿Quién hubiera imaginado que la serie de libros de ficción Harry Potter de J. K. Rowling o que El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien fascinara a tantos jóvenes, o que a tantos humanos les encantará las novelas, películas y obras de ficción? La imaginación religiosa creativa forja historias de consolación y de expectación. Los expresiones dramáticas de los deseos humanos, permitiendo a los humanos superar la depresión.

En la anterior interpretación de la religión como una poesía existencialista dramática, la ciencia y la religión no son necesariamente incompatibles, pues tratan distintos intereses y necesidades humanas.
Un reto especial del naturalismo surge en este punto. Creo que la mayoría de nosotros está de acuerdo que el naturalismo metodológico es el principio básico epistemológico de las ciencias; debemos buscar las explicaciones naturales de los fenómenos, probándolos con los métodos de la ciencia. El naturalismo científico, además, va más allá de esto, ya que rechaza por falta de evidencia la postulación de metáforas ocultas, la invocación de fuerzas divinas, espíritus, fantasmas o almas para explicar el universo y trata de explicarlas con argumentos materialistas, fisico-químicos, o naturalistas no reduccionistas. La oposición actual al darwinismo está claramente basado en el miedo a que el naturalismo científico desplace a la fe religiosa.

Si este es el caso, el gran reto del naturalismo científico no es el área de la verdad sino de la esperanza, no de lo bueno sino de la promesa, no de lo justo sino de las expectativas —a la luz del trágico carácter de la condición humana. Esto contrasta con los hallazgos del neo-darwinismo, que reconoce que la muerte es final, no sólo la muerte de cada individuo sino la posible extinción algún día en un futuro remoto de la misma especia humana. Los evolucionistas han descubierto que millones de especies se han extinto. ¿Le aguarda el mismo destino a la especie humana? Los científicos cosmológicos indican que en algún punto parece probable que nuestro sol se enfriará, es más, viendo más a futuro, que un Big Crunch acabará con todo el universo. Otros hablan de una gran helada. Algunos viajeros estelares se inspiran por la ciencia ficción. Dicen que algún día tal vez dejemos la Tierra y habitaremos otros planetas y galaxias. No obstante en algún punto la muerte de nuestra especie, nuestro planeta y nuestro sistema solar es muy probable.

¿Qué le deja esto a la condición humana? Vivimos en una época donde las dimensiones del universo se han expandido enormemente tanto a nivel micro como macro. Hablamos de miles de millones de años luz en dimensión. Mucho está basado en extrapolación especulativa. No obstante, podemos preguntar, ¿la escena naturalística deshace la aspiración humana? ¿Destruye la esperanza? ¿Le da suficiente consuelo al espíritu humano? Desde esta perspectiva, el asunto central para los humanos es la cuestión del valor humano. ¿Podemos vivir una vida llena sabiendo de la eminente extinción humana? Estas son preguntas a gran escala, pero aún así son fundamentales para la conciencia religiosa. ¿Puede el naturalismo científico dar una visión alternativa, dramática y poética, de la condición humana, ofrecer esperanza y promesa? Un sinnúmero de individuos pueden vivir vidas significativas aún aceptando la posible muerte lejana de la especie y nuestro sistema solar. Pero muchos otros humanos —tal vez la mayoría— no pueden estar así. Buscan la inmortalidad, y la religión satisface esa necesidad. Muchos otros no se la pasan despiertos en la noche preocupándose por lo que pasará en cinco, diez o quince mil millones de años. Encuentran que la vida vale la pena por méritos propios aquí y ahora.

Concluyendo, permítanme decir que vivimos un periodo de religiosidad exacerbada en los Estados Unidos. Parece haber un nuevo paradigma espiritual emergiendo, contestando tanto al naturalismo científico como al metodológico. Estados Unidos es una anomalía en cuanto a esto, especialmente en contraste con el declive de la creencia religiosa en Europa. Encuestas científicas recientes sobre la creencia en países europeos—Francia, Alemania, Inglaterra y otros, aún Japón— indican que el nivel de creencia en un ser teístico y la práctica institucionalizada de la religión organizada han declinado considerablemente; sin embargo estas sociedades altamente seculares ejemplifican la buena conducta moral y mucho menos violenta que Estados Unidos. La visión de que sin religión no se puede tener una vida con sentido o una alta motivación es entonces cuestionada. No debemos tomar el actual fervor religioso en Estados Unidos como necesariamente universal para todas las culturas.

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