Biblioteca Escéptica

Paul Heinrich Dietrich – Barón de Holbach

Posted by Biblioteca Escéptica en enero 10, 2008

Filósofo ilustrado francés, de origen alemán, nacido en Heidesheim. De familia muy rica, se educó en Leiden y vivió sobre todo en París.

Entusiasta de la Ilustración y amigo de los philosophes (Condillac, Rousseau, Buffon, Galiani, Beccaria, Marmontel, Helvétius, Garrick, Franklin, Pristley, Hume, etc., ), los reunía dos veces por semana a comer en su casa, bajo la presidencia de Diderot, y en ella acogía también a todo extranjero célebre que pasara por París.

Contribuyó a la redacción de la Enciclopedia francesa, en conceptos de química, metalurgia y geología, y se mostró siempre como un activista de las ideas ilustradas.

Autor de El cristianismo desenmascarado o Examen de los principios y de los efectos de la religión cristiana (1767), Sistema de la naturaleza (1770) y La moral universal (1776).  Muchos de sus escritos filosóficos se publicaron anónimamente o fuera de Francia

Su obra fundamental  Sobre la naturaleza  sobre las leyes del mundo físico y del mundo moral  fue publicada bajo el seudónimo de Jean-Baptiste de Mirabaud e incluida en el índice de libros prohibidos. En ella se muestra a sí mismo como un materialista radical, ateo decidido.

Muy influido por Hobbes, Locke, Condillac y La Mettrie. Atribuye a la materia movimiento desde siempre y hasta capacidad de pensamiento, pero su mecanicismo aparece algo mitigado respecto del de La Mettrie (admite las «antipatías» y «simpatías» de Stahl), más cartesiano. El hombre -y también el mismo orden moral- no es sino un ser natural, físico por tanto, sometido a las mismas leyes materiales de todo el universo; llamamos «moral» a la perspectiva con que tratamos lo que en realidad es físico (noción de origen spinozista). El concepto de una voluntad libre resulta inadmisible dentro de este universo regido por la necesidad; la sensibilidad es característica de determinada materia (la animal) y no existe el alma como principio vital inmaterial. Todo está sometido a la ley suprema de la propia conservación (de nuevo Spinoza) y, en el orden moral, no hay otra ley que la del amor a sí mismo, el egoísmo, que la física denomina, desde otra perspectiva, fuerza de gravitación o de inercia. Toda religión es, por lo demás, corruptora e inútil, y, nacida del temor y de la ignorancia, queda suprimida por la reforma de las costumbres que supone la difusión de las ideas ilustradas. Ni el ateísmo ni la filosofía están, sin embargo, al alcance de la masa.

El libro tuvo éxito, pero fue muy criticado: no gustó al deísta Voltaire, quien lo criticó en su artículo «Dios»» de la Enciclopedia, mientras que Goethe lo tachó de obra «tenebrosa y cadavérica»; de entre los ilustrados, sólo Diderot, posible coautor según algunos, defendió sus puntos de vista.

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