Biblioteca Escéptica

Javier Muguerza

Posted by Biblioteca Escéptica en enero 10, 2008

Javier Muguerza nació en Coín, Málaga  (España) el 7 de julio de 1936. Se doctoró en filosofía por la Universidad de Madrid en 1965 . Comenzó su carrera docente en la Universidad de La Laguna en Tenerife y posteriormente en la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue director del Instituto de Filosofía del Centro Superior de Investigaciones Científicas y catedrático de Ética por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Madrid .  Dirigió la revista filosófica Isegoría dedicada a temas de Ética y Filosofía Política.   Investido  doctor honoris causa por la Universidad de La Laguna  y a modo de homenaje, se publicó el libro colectivo “Disenso e incertidumbre”.

Tomó relevancia con la publicación, en 1977 de su obra “La razón sin esperanza” y sus trabajos se enmarcan dentro del ámbito del pensamiento analítico como deja claro con su compilación “La concepción analítica de la filosofía” publicada en 1974.

Ha traducido los trabajos de Bertrand Russell (La filosofía del atomismo lógico, Ensayos sobre lógica y conocimiento) e hizo una crítica a la razón práctica que defendía George E. Moore y John Rawls.

Su obra La alternativa del disenso (1988) que fue incluida en la obra colectiva dirigida por Gregorio Peces-Barba “El fundamento de los derechos humanos”.

Las ideas de Muguerza se inscriben dentro de la corriente principal de la filosofía, la racionalista. Se acostumbra a afirmar hoy que el “proyecto ilustrado” consistía en emancipar a la humanidad de los yugos de la superstición, el oscurantismo y la pleitesía al altar y al trono mediante la difusión de las luces de la razón . Una de las piezas centrales de este supuesto proyecto común de los ilustrados era dar con una moral de alcance universal en que se defendieran el respeto y la dignidad de cualquier ser humano por el mero hecho de serlo.  El Preferidor Racional defendido en su momento por Muguerza pertenece a esta saga, que conocería después muchos otros avatares, entre ellos el velo de ignorancia de Rawls o las éticas dialógicas de Apel y Habermas. En toda esta familia de iniciativas teóricas se buscaba lo mismo: proporcionar las bases de una moral racional y universal, válida para todos los hombres y todas las épocas.

Muguerza continúa defendiendo, en línea con el marxismo cálido de Ernst Bloch, la esperanza en un mañana mejor, en el que, si bien admite que las líneas del ser y del deber ser nunca entrarán en contacto en algún momento de la historia (como creía Marx), confía en que podrán cuando menos mantener una trayectoria de convergencia sin fin. La realidad, por buena que sea, siempre dejará algo que desear, y piensa Muguerza que es nuestro irrenunciable cometido poner cuanto esté en nuestra mano para que cada vez deje menos que desear.

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