
LAS ESCLAVAS DE LA IGLESIA
(Conferencia dada el 25 de setiembre de 1904 en laLoggia Stella d’Italia).
Señores:
Agradezco a los miembros de la Loggia Stella d’ltalia el honor que se dignaron concederme al solicitar mi colaboración en esta ceremonia, para conmemorar el asalto de Roma y el derrumbamiento del solio pontificio. Sin pertenecer a la Masonería, creo sentirme animado por el espíritu que inflamó a los antiguos masones en sus luchas seculares con el altar y el trono; sin haber nacido en la clásica tierra de Machiavelli y Dante, me considero compatriota de los buenos italianos reunidos aquí para celebrar un triunfo de la Razón y la Libertad. Sobre la mezquina patria de montes y ríos, existe la gran patria de los afectos y de las ideas: los nacidos bajo la misma bandera que nosotros son nuestros conciudadanos; más nuestros compatriotas, nuestros amigos, nuestros hermanos, son los que piensan como nosotros pensamos, los que aman y aborrecen cuanto nosotros amamos y aborrecemos. No consideraré el 20 de setiembre en sus relaciones con la política europea, con la unificación de Italia ni con la Masonería; aprovechando la libertad que se me ha concedido en el uso de la palabra, disertaré sobre el “Catolicismo y la mujer”, para manifestar que la esclavitud femenina perdura en el Romanismo, que las mujeres continúan siendo “esclavas de la Iglesia”.I

